02 noviembre, 2009

¿Río?

Me río descaradamente de la vida.
Me carcajeo de incoherencias y observaciones racionales. De sueños fabulosos y de aquellos que rozan lo absurdo. De planes de domingo y rutinas de semana.
Desfallezco de risa. Con lo que me gusta y lo que parece desagradable. Con los juegos de mesa y esos virtuales que nunca consigo ganar. Con mis amigos de toda la vida y los individuos que me critican cuando doy la espalda.
Me duele el pecho, pero sigo carcajeándome. Del nuevo peinado de mamá y del tradicional corte del abuelo. De las sillas del comedor y de la mesa que siempre se tambalea de inestable. Del coche viejo de mi hermana y de la novísima ruta que encontró papá en su viaje al trabajo.

¡Ay, la oficina, viejito de toda la vida! Ya me encogí en el suelo y nada me salva de éste ataque de risa. Y río, sí ... con los zapatos de Juliana y su vestido de los '80. Con la moda que impone el viejo cartero, cada vez que lo alcanza el perro del vecino. Con esa cuenta oxidada que llega a fin de mes, acentuando las canas de papá.
Creo que me fracturé una costilla ... me punza el tórax, mas no puedo detenerme. Las burlas de 'Pacha' cuando parlotea en el mercado. El rumor del cuarentón que sacó la vuelta a su mujer. La última historia que circula por el barrio acerca del próximo maremoto.
Se carcajea el loro, maldito copión de sonidos. Y me río más con él. De sus franjas ruborizadas en la espesura del verde plumaje. De su pico curvo tan arrogante como la coronilla. De su solemne aleteo cuando le arriman la comida.

¡Pajarito desgraciado, guarda silencio o vete al jardín!
Las risas de Enrique cuando jalaba un examen. Si le pagasen por reprobar, pondría en peligro la supremacía del genio Gates. ¡Vaya que sí!

Me río descaradamente de la vida. ¿Por qué? ¿Y por qué no habría de hacerlo? Si no es de incoherencias, de los sueños, del testarudo avejurro; si no es del peinado de mamá, de los laberintos que improvisa papá, del rumor de aquel infiel; de las mesas, de las sillas ... ¡Por Calvin y Hobbes! ¿De qué podría yo reír?

Me río descaradamente de la vida. No tengo vergüenza, no tengo quehacer. Sólo quiero reír, hasta una lágrima resbale por mi rostro y me advierta que la risa no fue remedio suficiente.

06 julio, 2009

Idealista

Ella, una vez más. La tengo presente como un jugo de naranja cuando me encuentro sediento: me alegra, pero me produce acidez estomacal. El juramento de mi madre es la única razón por la cual no dudo de nuestro vínculo familiar; aunque a veces sienta que no es mi hermana. No es que me crea desdichado por tenerla en mi vida, es solo que parece inconcebible que una mujer tan inteligente tenga por hermano a un muchacho tan irracional e idealista. La insensatez no viene en los genes, de ser así echaría por tierra el juramento de mi madre y revisaría escrupulosamente mi partida de nacimiento. Porque eso sí, de que ella es hija de mi madre, no cabe la menor sospecha.

Su llamada despertó mi interés. Era domingo, 5 de julio. Tenía una magnífica noticia que compartir con ella: uno de mis trabajos de redacción había sido alabado encarecidamente por un reputado catedrático de mi escuela. Entonces, pensé en comentarle lo sucedido, después de todo no siempre un doctor en derecho elogia uno de mis "no tan elaborados" escritos. A decir verdad, nunca recibo honores por lo que sale de mi pluma, difícilmente alguien lo lee y si lo hace es porque se trata de una evaluación o simplemente porque es mi cumpleaños.

De cualquier manera, ahí estaba yo, pegado al teléfono, reviviendo lo acontecido aquel viernes "de revelaciones". Había recuperado la confianza en mi "don" y tenía que contárselo a alguien, y quién mejor que ella.
Entonces, desechó mi emoción y comenzó a declamar ese viejo discurso que me derrumba cual mazazo en las rodillas. "¡De qué sirve que te elogie un profesor, cuando nadie más te lee!" ¿Saben qué fue lo peor de eso? Que ella tenía razón. No tenía mayor relevancia el que un catedrático rescatara mis cualidades, cuando nadie más podía disfrutar de ellas.

"¿Por qué no escribes en un periódico o una revista?" Considerando lo sencillo que resulta tocar a la puerta de El Comercio ... "Hola, soy un escritor principiante .. ¿puedo tener mi columna? .. ¿qué? ¿que si tengo un libro publicado? No, pero denme cinco años y tendré un agente serio trabajando en ello.." Definitivamente no sería la introducción adecuada. Me sentí un fracasado .. anímicamente destruído, cual si una bomba nuclear hubiera estallado con su hongo de la muerte sobre mi más viva ilusión. "¿Qué estoy haciendo con mi vida ... literaria?" Me planteó una mordaz suspicacia: ¿Realmente seré bueno en este arte de la pluma? ¿Qué tal si es una simple suposición y no soy tan bueno como creo?

Ella, una y otra vez. Sus lacerantes palabras siempre me conducen a una depresión oscura y fría ... pero pensar en ella me da la fuerza para sobreponerme y surgir del agujero, con un semblante renovado y con las ilusiones restablecidas. Ella quiere lo mejor para mí, yo lo sé, por eso siempre intentó seguir su consejo ... el único obstáculo soy yo. Tal vez sea un idealista, soñando con que alguna editorial publique el único proyecto de libro del que me siento verdaderamente orgulloso.
Quizás sea idealista, pero estoy luchando por cambiar. No quiero alimentar ilusiones, sino impulsar acciones.

Ella, una, otra y otra vez. Y siempre estará ahí, para cantar mi errores y motivar mis ascensos. Sigo creyendo que soy adoptado .. pero, ¿a quién le importa?